viernes, 15 de julio de 2011

3: Here we are now...

Capítulo III
I'm stupid and contagious. Here we are now. Entertain us.
(Nirvana - Smells Like Teen Spirit)
A Andrómeda le resultaba extraño reírse, después de tanto tiempo. Al menos de aquella manera, tan directa e instantánea. Y por encima de todo, tan acompañada.
Las disculpas de Saturno aún resonaban en su cabeza como algo etéreo e imposible. Pero eran reales, como podía comprobar en cuanto quisiese.
Por supuesto, no habían sido en persona. Andrómeda sabía que había pocas personas a las que les costase tanto rectificar como a su padre. Pero aun así, la nota que Deneb la había llevado mostraba, sin lugar a dudas, la pulcra aunque torcida caligrafía tan característica de su padre.
Hija mía,
he estado toda la noche dando vueltas a nuestra discusión de ayer. Y he de admitir que no he obrado bien. Aunque deberías aceptar que he tenido mis motivos y que únicamente buscaba tu bien. Pero además de princesa y única heredera no sólo de mí, sino de Sagitta, que en paz descanse, eres una persona. Y no puedo aislarte y convertirte en una muñeca a quien casar con quien me dé la gana. No te estoy dando licencia para salir cuando quieras, ni mucho menos con quien quieras. Y voy a seguir insistiéndote en que no hay mejor partido para ti que Cygnus de Neptuno. Pero sin embargo, ahora entiendo que no te venga mal algo de contacto humano hasta que te des cuenta de ello.
Deneb es un buen chico, tiene tu edad, es obediente y de buena familia. Mientras encuentro a alguien más adecuado que presentarte (sigue siendo un chico, y los adolescentes tenéis mucho peligro), él puede entretenerte.
Por último, te pido perdón por mis errores. Espero que tú hagas lo mismo con los tuyos.
Tu padre, que te aprecia más de lo que piensas.
Saturno XVII
Por supuesto, Andrómeda no había aceptado de buen grado que su padre no sólo siguiera imponiéndole una pareja sino que quisiera imponerle un amigo. Pero pese al resquemor que la suscitaba como lacayo de su padre que era, Deneb siempre la había tratado bien. Y parecía una persona agradable.
Por ello, tras doblar la nota de su padre y dejarla en un cajón bajo llave, saludó al chico que seguía expectante en su habitación. Y le invitó a sentarse.
Las horas siguientes transcurrieron en medio de risas cada vez más desaforadas y sonrisas más y más inamovibles. Era uno de esos casos donde dos personalidades se encuentran y encajan sin pretenderlo. Y pese a que apenas se conocían, se sentían como amigos de toda la vida. Andrómeda olvidó que Deneb era, una vez más, la elección que su padre había hecho, y no ella. Deneb, por su parte, olvidó que el hecho de que estuviera allí era un mero encargo. Y en el olvido, ambos continuaron derrochando sus más puras sonrisas.


miércoles, 13 de julio de 2011

2: I'm spinning...

Capítulo II
I'm spinning out of control, out of control.
(Hoobastank - Out Of Control)
Sentada en el mismo sillón que siempre, Andrómeda rememoraba con una sonrisa la exasperación de su padre horas atrás. Cuando pasas la vida recluida en una habitación y no hay ya castigos que puedan quitarte nada, como le pasaba a Andrómeda, encuentras diversión en lo más insólito. Y en el caso de la princesa, estaba en cuánto podía sacar de quicio a su severo padre.
Aquella vez había sido especialmente rica en furia y gritos. No era la primera vez que Andrómeda intentaba dejar plantado a Cygnus, pero nunca la había salido tan bien. Aún se felicitaba por la idea de la silla. Ver al comedido rey Saturno XVII perdiendo la compostura aporreando la puerta de la habitación de su hija tenía que haber sido un gran espectáculo. Pero aún lo era más verle entrar por fin, con la cara roja y la mano despellejada a base de dar golpes. Y eso había sido un show sólo para ella.
Y el discurso no se había quedado atrás. Que si era la vergüenza de las familias reales del Cinturón y más allá, que si era una cría sin idea de nada, que si estaba desperdiciando la oportunidad de conocer a un chico maravilloso, que si iba a pasarse la vida en aquellas cuatro paredes y que a este paso no saldría jamás...
Y sin embargo, había logrado desarmarle por completo con una única frase, dicha con toda la serenidad del mundo, serenidad que parecía impropia de una chica de dieciséis años que acabase de recibir la bronca de su vida.
-Lo siento. Lo de haber pensado que una pareja de distinto nivel social pudiera ser algo, quiero decir. Por dios, podría haberme juntado con cualquier trepa desesperado por ser rey - había dicho, con la cantidad exacta de sarcasmo enfatizando las palabras precisas.
Sabía que se había pasado, que las lágrimas que habían estado a punto de brotar de los ojos del hombre lo demostraban. Pero ante la irracionalidad con la que se la trataba, ante el castigo constante al que era sometida, se había vuelto de piedra ante su propio padre. Y no la importaba causarle todo el dolor del mundo si así conseguía que pensase un poco en lo que hacía.
Porque también sabía muy bien que la vida de su padre no había sido fácil. Que había sido observado con odio por todos los nobles de su corte, que pocas personas en el universo habían sufrido un escrutinio tan brutal a todas y cada una de sus acciones. Que sólo el amor incondicional de su madre, la princesa Sagitta, había actuado como escudo para evitar que la marea se lo llevase para siempre.
Y que cuando Sagitta murió, se vertieron rumores por doquier. Corrieron ríos de tinta y megabytes sobre los intrincados planes que aquel noble menor llamado Sirio había urdido con el fin de hacerse un hueco en la familia real y acabar encabezándola. Sabía, por supuesto, las lágrimas que su padre había vertido a su lado, cuando creía que no aguantaría más. Sabía que había resistido sólo por ella, por su hija, por el último vestigio de Sagitta. Y sabía que había huido, con ella, a la estación espacial, alejándose del mundo para desde allí recuperar su honor, y que con ello la había regalado los mejores años de su vida.

Sí, Andrómeda sabía muchas cosas, pero también tenía claro que su padre, en los últimos tiempos, la había quitado la vida. Y que la expresión que vio en su cara cuando la pilló con Altair no fue la de un padre preocupado porque el destino de su hija fuera tan difícil como había sido el suyo propio. Sino la de un rey que tras años de esfuerzo, veía en peligro su posición. Y si su padre pensaba antes en su cargo que en la felicidad de su hija, sería esa misma hija la que tendría que hacer lo contrario.
Y si su felicidad, tan primorosamente coartada, estaba en la desesperación del rey, la obtendría, costase lo que costase.

lunes, 11 de julio de 2011

1:And I just wanna be...

Capítulo I
And I just wanna be, wanna be loved.
(Papa Roach - To Be Loved)

Con cuidado, la chica gateó cuidadosamente hasta poder mirar a través de la mirilla que, a escondidas de su padre, había camuflado en la puerta de su habitación. Tuvo que reprimir, a su pesar, el frustrado suspiro que la asaltó cuando vio que la figura de Deneb seguía allí, vigilante.
Andrómeda se sentó en una butaca y frunció el ceño. A través de las pequeñas ventanas que desgraciadamente no había podido cubrir con cortinas, se filtraba la verdosa luz que venía del pantano que se extendía hasta donde alcanzaba su vista.
Odiaba Kaylunn. Con cada fibra de su ser. Odiaba el pantano, odiaba los lúgubres pasillos, odiaba cada escalón que se veía obligada a subir para ver a su padre, odiaba la vigilancia constante de quien habían decidido convertir en su guardaespaldas permanente, odiaba el escritorio inaguantablemente añejo que se hallaba junto a su cama, odiaba su aislamiento obligado, odiaba ser lo que era.
Y, por el contrario, añoraba con toda la intensidad que cabía al lado del odio. Añoraba la estación espacial, los cielos cambiantes, las estrellas, los juegos de su niñez, los inocentes primeros besos con aquel joven esquivo cuyo nombre permanecía grabado en su alma, a fuego y cincel. Sí, sobre todo, añoraba a Altair aún más de lo que detestaba aquello en lo que su vida se había convertido.
Pero debía ser la modélica dama que su padre quería que fuese. Saturno XVII para el mundo, para ella simplemente Sirio. Aquel joven tildado de arribista del que la bella Sagitta se había enamorado perdidamente.
Era irónico que después de haberse visto sumido en un romance tal, fuera tan tajante al respecto de que su hija se emparejara con alguien de menor rango. Y por mucho que Andrómeda se desesperaba por hacérselo entender, ni siquiera la propia experiencia le valía al rey para comprenderla.
Pero la princesa lo tenía claro. Por mucho que fuera su honor, por muchos títulos que tuviera, Cygnus de Neptuno jamás sería su príncipe. Tal puesto, en el corazón adolescente de una niña de dieciséis años, sería siempre para aquella figura grácil y misteriosa que poblaba todos sus sueños, o al menos todos los que merecía la pena esforzarse en recordar.


Unos golpes en la puerta sacaron a Andrómeda de su ensoñación. Ella gruñó, mientras los ojos negros de Altair salían de su mente. Con desgana, abrió la puerta, sabiendo de antemano con qué se iba a encontrar. De toda aquella aburrida fortaleza a orillas del pantano, únicamente una persona se preocuparía lo más mínimo por si ella quería o no abrir la puerta.
Pero aunque Andrómeda agradieciese la simpatía de Deneb, seguía siendo su carcelero. Por ello abrió la puerta con brusquedad y fijó en él sus ojos verdes con frialdad.
-¿Qué quieres?
-Su padre quiere verla.
-Intenta emparejarme otra vez con ese príncipe imbécil, ¿verdad?
-Señorita...
-Princesa como mínimo, Deneb.
-Lo lamento mucho. Princesa, esa información...
-En resumen, que no sabes como decirme que sí. Pues piensa en cómo decirle a mi padre que no pienso ir. Y que deje de esforzarse en juntarme con alguien de mi escalafón social. Y de paso, recuérdale de mi parte que él es lo que es gracias a algo como lo que él intenta impedirme.
Andrómeda dio un portazo, dejando al chico al que su padre llamaba guardaespaldas con un palmo de narices. Seguramente se arrepentiría de ser tan tajante con la única persona de su edad con la que podía tener contacto (excluyendo, por supuesto, a Cygnus de tal distinción), como tantas otras veces, pero no podía actuar de otra manera.


Bloqueó la puerta con una vieja silla de madera y se tumbó en la cama, dejando que su mente recrease de nuevo los metálicos pasillos de la estación espacial donde una vez fue feliz. Y a su lado, como siempre, caminaba Altair a paso firme.

sábado, 9 de julio de 2011

0: This heart will...

Prefacio
This heart will start a riot in me.
(Paramore - That's What You Get)

Sentada en el escritorio, con la pluma agarrada sin cuidado manchándole las manos de tinta, la joven hundía la cabeza desesperada. En la mesa, cuatro papeles apolillados, sin letras, sin destinatario, aguardaban a que de una vez por todas tomase una decisión.

Y por lo que parecía, aún tendrían que esperar bastante.


Obligadas presentaciones, y demás.

Buenas, a todos los que se os ocurra adentraros por aquí. Lo lógico es que empiece presentando un poco quién soy y qué hago aquí. No hay mucho que decir, sólo que soy un chico de 16 años, lector empedernido, melómano full-time y escritor ocasional que ha decidido utilizar una parte del verano en escribir un relato que lleva años rondándole la cabeza.

Andrómeda es, básicamente, una historia de amor en un mundo de ciencia ficción. Adornada, por supuesto, con tragedias, frases ampulosas, muerte y destrucción por doquier. Sin embargo, por una vez, busco que mi vena romántica (que pese a diversos fracasos, tengo, por si alguien lo duda) predomine un poco sobre mi sed de hacer sufrir a mis personajes.

Poco más tengo que decir de momento. Bienvenidos y bienvenidas los que aterricéis en este sinsentido.